La confirmación en directo y el cruce con Mateucci
Un cruce en vivo, una llamada telefónica al programa y una frase que lo cambió todo. Así se confirmó el nuevo romance de Daniela Aránguiz con José Manuel ‘Cuco’ Cerda, el hermano mayor del ex participante de reality Raimundo Cerda. Ocurrió en el set de Hay que decirlo, de Canal 13, donde su ex pareja, el argentino Luis Mateucci, estaba sentado como panelista y descartaba, con ironía, que esa relación existiera.
El tono subió cuando Mateucci aseguró que ella había hablado mal de los hermanos Cerda y que, incluso, le había negado cualquier vínculo con ‘Cuco’ al ser consultada en privado. Dijo que le mostró fotos de otra persona como supuesto pololo. Esas palabras detonaron la respuesta: Aránguiz llamó al programa para poner el tema en su sitio y, sin rodeos, confirmó que está saliendo con José Manuel. Agregó que le gusta su forma de ser, que llevan un tiempo y lanzó un dardo a su ex, remarcando que su actual pareja tiene cualidades que, según ella, otros no.
Con la confirmación sobre la mesa, se despejó también el dato temporal que corría como rumor: la pareja llevaría cerca de seis meses. La diferencia de edad —él es unos diez años menor— no es un factor que les complique, dicen cercanos. Más bien lo contrario: la relación se ha movido en un tono bajo, lejos del circuito del espectáculo.
La escena televisiva delataría algo más profundo: el borde resbaladizo entre vida privada y pantalla. El romance saltó desde el ámbito íntimo a la pauta de un programa en segundos, motivado por el desmentido de un ex y una defensa airada de ella. La audiencia, atenta, fue testigo del momento exacto en que la historia cambió de estado: de rumor a confirmación.
Cronología, discreción y lo que se sabe del nuevo vínculo
¿Cómo se conocieron? La pista está en Viña del Mar, durante un espacio veraniego llamado El Fenómeno. Ese cruce inicial tuvo un detalle que hoy parece casi anecdótico: un comentario sin filtro de Aránguiz que, según contaron, ella misma tomó al principio como una broma. No hay más detalles públicos, y esa parte quieren mantenerla en reserva. Aun así, quedó claro que desde ahí empezaron a hablar con naturalidad y, pasado un tiempo, se hicieron pareja.
Ambos han procurado cuidar el perfil. Él, José Manuel Cerda, prefiere ser reconocido por su trabajo en comunicaciones y no por la etiqueta de “pololo de”. Lo dijo sin dramatismos: su idea es ser valorado por lo que hace, no por su vida afectiva. Ella, que conoce de sobra cómo se amplifica cualquier gesto en televisión, ha optado por administrar mejor su intimidad. Es un giro respecto de etapas anteriores, con romances muy expuestos.
La confirmación pública ocurrió en el peor —o el mejor— escenario: con Mateucci en el set. El argentino insistía en que ella había sido tajante al negarle el romance y repetía que hablar de ‘Cuco’ era casi un chiste. Esa insistencia encendió el teléfono. Aránguiz, molesta, decidió cortar de raíz la especulación y validar la historia con nombre y apellido. Ahí apareció el tono más emocional: dijo que está bien, que le gusta la relación y que no tiene por qué ocultarla.
La figura de Raimundo Cerda, popular por su paso por los realities, añade un ingrediente. No por un triángulo imaginario, sino por el megáfono que significa el ecosistema de la TV. Cualquier vínculo que roce ese mundo se amplifica. La noticia se movió rápido entre programas de espectáculos y cuentas de farándula: el hermano del chico de reality, la frenada en seco a un ex en vivo y la frase punzante de ella, todo en la misma escena.
En este punto, hay dos estrategias claras. Por un lado, la pareja busca normalidad: verse, trabajar, mantener la casa en orden y evitar el reality paralelo de la exposición. Por otro, la televisión recoge la historia para convertirla en insumo de conversación: ¿cuándo partió todo?, ¿quién llamó a quién?, ¿qué dijo cada uno antes y después? Ese juego de preguntas es viejo conocido en el espectáculo chileno y se alimenta de detalles, confirmados o no.
Sobre el inicio, lo que hay es un boceto: Viña del Mar, un programa estival y una interacción espontánea. Ella habría lanzado un comentario directo, él lo tomó con humor, y se abrió una puerta que luego se volvió un vínculo estable. Esa mezcla de casualidad y timing es, a veces, todo lo que se necesita para que una relación arranque.
Del otro lado está el reproche de Mateucci: que hubo negaciones, que hubo fotos de otra persona usadas como distracción, que hubo palabras duras contra los Cerda. Nada de eso cambia el presente, pero ayuda a explicar por qué el tema estalló en vivo. En farándula, la narrativa manda: si ayer dijiste A y hoy confirmas B, habrá quien te pase la cuenta. Y es ahí donde el contexto importa. A veces la gente niega mientras decide si lo suyo tiene cimientos o si fue solo un intento. Seis meses después, ya no es intento.
Hay un punto práctico que el círculo cercano repite: los dos sabían que el factor mediático podía arrasar con todo si se adelantaban a contarlo. Prefirieron cocinarlo a fuego lento. Quedarse en casa, juntarse con amigos fuera del radar, avanzar paso a paso. Cuando llegó la exposición, la relación ya tenía algo de estructura. No es garantía de nada, pero ayuda.
Lo comunicacional no es un detalle menor en este caso. Él trabaja en el rubro y sabe lo fácil que es que un titular te deje atrapado en un personaje. Por eso ha intentado separar las aguas: trabajo por un lado, vida privada por otro. Ella se mueve en la TV desde hace años y conoce los códigos. En esa combinación, la discreción luce como una decisión consciente, no como un capricho.
Esto es lo que, por ahora, está sobre la mesa:
- La relación existe y lleva alrededor de seis meses.
- José Manuel ‘Cuco’ Cerda es unos diez años menor que Aránguiz.
- Se conocieron durante el verano en Viña del Mar, en el contexto de un programa llamado El Fenómeno.
- Ambos han optado por mantener el vínculo en un perfil bajo.
- Él prefiere que lo reconozcan por su trabajo en comunicaciones, no por su vida sentimental.
- El punto de quiebre público fue un tenso intercambio en Hay que decirlo, con Luis Mateucci en el panel.
Y esto es lo que sigue en reserva, y probablemente así se mantenga: qué se dijeron exactamente en ese primer encuentro, quién dio el primer paso, cómo enfrentaron las primeras semanas. Son detalles atractivos para el consumo televisivo, pero no imprescindibles para una relación que busca la normalidad.
Para la audiencia, el capítulo dejó varias postales. El panel mirando en silencio cuando ella confirmó todo, la incomodidad de su ex, la sensación de que estábamos escuchando una conversación privada en altavoz. Ese es el doble filo de la TV en vivo: permite ver el minuto a minuto, pero a veces convierte discusiones íntimas en espectáculo.
Aránguiz, más allá de la polémica, marcó un punto: no esconderse. Reconoció a su pareja y defendió su decisión, incluso sabiendo que eso le abre la puerta a más preguntas. Ella, que suele moverse con firmeza en los sets, eligió esta vez un trayecto menos bullicioso para su vida personal. Si lo logra o no, dependerá de cuánto se resista a que cada gesto termine en pauta.
¿Y ahora qué? Probablemente nada explosivo. Si se mantiene la línea que han seguido, habrá pocas apariciones juntos y cero reality de pareja. Habrá trabajo, paseos sin cámaras y, de vez en cuando, rumores que se apagarán por falta de insumos. Quizás alguna foto compartida más tarde, cuando el ruido baje. Por ahora, el mensaje es simple: están juntos y están bien.
La industria del espectáculo chileno se alimenta de estas historias. Pero hay una diferencia entre una relación nacida al calor del prime y otra que decide protegerse. Aquí, la chispa fue un cruce televisivo, sí, pero el resto se está escribiendo fuera de foco. Y eso, en este ambiente, ya es toda una declaración de principios.
En resumen, el nuevo capítulo de Aránguiz y ‘Cuco’ Cerda mezcla televisión, pasado reciente y una apuesta por la calma. Un amor que partió con un comentario sin filtro y que hoy prefiere la discreción. Una confirmación que nació de un choque en vivo y que, paradójicamente, busca bajar el volumen.